Podrá no ser sano el traer a al memoria este tipo de recuerdos, pero si alguna experiencia me gustaría narrar, sería aquel evento que tanto en hombres como en mujeres resulta ser trascendental.
Marcando nuestras vidas y dejando plasmadas en la memoria esas imágenes que al hacer un ligero esfuerzo regresan con tal precisión, aunque si la memoria fallara un poco, la creatividad la auxilia y juntas resultan estar dispuestas a recrear la misma sensación que desde hace ya muchos años no se había experimentado.
Sentados en una banqueta, la que habíamos usado como excusa para detenernos un momento a platicar. Sus ojos brillaban, su sonrisa llamaba a la alegría, su cabello negro y rizado, que en conjunto con su cuerpo formaban una pintura a la que no se podía dejar de observar, aunque preferible era que fuese una escultura para poderse también tocar.
Los versos iban fluyendo de a poco en una plática meticulosamente calculada. Que de decirse algo incorrecto habría sido como en aquel juego en el que el concursante debe escoger un tema, y que a la hora de responder –en este caso también preguntar-, debía de ser de la forma correcta, de modo que el juez quedara complacido o de lo contrario, sería expulsado sin tener la oportunidad de alcanzar el tan anhelado premio mayor.
De repente el juego es interrumpido, solo así, sin esperar a que terminara o aunque sea un medio tiempo. Era su madre, que con aquel gesto que intentaba expresar amabilidad, pero que detrás escondía un sentimiento muy contrario, nos invita a entrar a su casa, si, ¡a la sala de su casa! ¡Era imposible! ya había logrado avanzar hasta la categoría profesional, pero en ese instante el juego estaba apunto de terminar por aquella macabra invitación. Corríamos un gran peligro, pero no íbamos a ceder tan fácilmente ¡nunca! Nuestras hormonas estaban lo suficientemente listas para comunicarse libremente a través de tan esperado suceso.
Ella fue sagaz, le pidió a su madre que antes de entrar a la casa, le diera permiso para ir a comprar unos dulces a la tienda, le explico que ese era nuestro destino de no ser por que se nos atravesó una banqueta. Queriendo mostrar indiferencia accedió, condicionándonos a no demorarnos tanto. Mis premoniciones habían sido confirmadas con dicho acto. Las muchas pláticas que con mis camaradas habíamos tenido sobre el tema, se estaban concretando. Una media vuelta, un suspiro de alivio y nos encaminamos a la tienda. Nunca había disfrutado tanto pasear por la colonia como aquella vez, nos dirigíamos a una tienda, claro, pero en esta tienda no solo planificábamos encontrar un par de bombones, también soñábamos con darle rienda suelta a nuestra apasionante curiosidad de adolescentes.
Aun logramos llegar, aparentando que ni pasaba por nuestra mente que algo más fuera a suceder, jugábamos ese inocente juego de preguntas y respuestas, en medio del cual sabíamos que tomarnos de la mano ya no sería suficiente, mas bien estábamos cerca de llegar a la prueba final; que traería como recompensa el premio que mi palpitante corazón ansiaba muy pronto poder ganar. Hasta ahora todo iba bien, por la expresión de deseo en su rostro mi puntaje parecía ser lo suficientemente alto. Me abalanzó contra un auto, nos vimos fijamente, era el momento de cobrar aquello tan deseado. No pude cerrar los ojos, pero ella si, y aun recuerdo su rostro acercándose al mío, dispuesta a pagar con la exquisitez de sus labios lo que poco a poco había ido ofreciendo, un beso, pero no cualquiera… mi primer beso.
lunes, 27 de agosto de 2007
Autobiografia: Lo que me trajo a esto!
Según encontré en el diccionario, una biografía es la historia de la vida de una persona, lo que quiere decir que si voy a escribir una pequeña biografía de mi mismo, tengo que contarles mi historia.
Nací hijo de Julio César de León y María Emilia Rivera, mi padre un ingeniero civil y mi madre una administradora y ama de casa. Eso fue para el año de 1987, un 25 de Mayo para ser exacto. Antes que yo, habían llegado dos hermanas: Ana Pamela quien me lleva cinco años y Paula Sofía que me lleva un año y medio.
Esto sin contar los otros cuatro embarazos de mi madre, que por alguna u otra razón ninguno pudo finalizar como mis padres lo deseaban; si hacemos las cuentas llegamos a que mi nacimiento fue el resultado del séptimo y último embarazo que mis papas tenían planificado.
El cristianismo de mis padres como proceso natural y casi inevitable, me fue inculcado desde que hago uso de razón – y talvez un poco antes- por lo que me convertí en un creyente.
Estudié en colegios Cristianos, disfrutaba de los beneficios de ser un niño. Como único varón entre tres hijos y único nieto entre 14 primas, no voy a negar que me consentían. Mis caprichos eran atendidos según las posibilidades de mis papas –las cuales cabían entre un rango de estabilidad y comodidad -.
El deporte no era una de mis actividades favoritas, recuerdo el día en que trate de ocultarle a mi mama que había un juego de fútbol de parte del colegio; pero de alguna manera ella logró averiguarlo y me obligó a ir a jugar.
Yo más bien prefería jugar con mis muñecos, crearles sus guaridas e incluso hacer películas con ellos, o crear guerras mundiales con tan solo un par de pistolas de plástico, una granada, y los efectos de sonido que mi creatividad me daba para hacer aquel ambiente lo mas real posible.
Con el tiempo, me di cuenta que ese tipo de actividades no me ayudarían del todo a desenvolverme socialmente, no quiero decir que no tenía amigos, pero reconozco que la atención en el colegio siempre la han atraído los deportistas. Fue cuando estaba en sexto grado que entré a un equipo de fútbol -claro que la que mas impulsó esta nueva actividad fue mi madre- ese mismo año mi entrenador me permitió representar al equipo y recibir el trofeo del campeonato como una recompensa al esfuerzo que hice durante ese tiempo.
El gusto que empecé a desarrollar por la actividad física y mi afición por las guerritas y los soldados, me llevo a una conclusión: Quería estudiar en una escuela militar. Después del largo trabajo que me llevo el convencer a mi papá, logré inscribirme en el Instituto Adolfo V. Hall Central, y para el dos de enero del 2,000, ya era un niño de trece años, rapado como militar, y vistiendo un uniforme color cocoa con el pantalón metido entre mis botas negras bien lustradas. No supe distinguir si era una pesadilla o un sueño hecho realidad – aunque ahora pienso que fue un poco de los dos- pero lo cierto es que aquella época dejó una huella para el resto de mi vida.
Fueron necesarios dos años para darme cuenta que el ejercito no era parecido a aquellas historias que con mis “GI-JOES” acostumbraba jugar. –Sin saber que lo que en realidad buscaba, era satisfacer la necesidad por vivir en el mundo de fantasía al que solo mi imaginación me podía llevar-.
Tomé la desición de salirme y entrar al mismo colegio donde estaba mi hermana Paula, el Shaddai, es un colegio cristiano que dentro de su circulo goza de prestigio, en el que iba a tener que darme cuenta y adaptarme a las grandes diferencias sociales que muy comúnmente vemos en países como el nuestro.
Mientras que con mis amigos del Hall nos hacía felices colarnos en el Club de oficiales del Ejercito, jugar y nadar un rato, luego tomar una camioneta que nos llevaría a la Montúfar para poder comer una pizza entera entre todos. A mis amigos del Shaddai; en cambio, les daba por ir a los lugares más “in”, vestir a la última moda y para las vacaciones ir a nadar, pero no al club de oficiales, mas bien a sus casas de verano en la playa.
El cambio fue drástico, pero con la seguridad con la que me había ya desarrollado, el apoyo económico de mi papa que aunque para esa época ya no era tan estable ni tan cómodo, y la afinidad que había logrado con el deporte, logré subsistir y de hecho creo que lo hice bastante bien.
Básicamente esa fue mi vida para los últimos años de la secundaria: estudiar, socializar, algunas novias, algunos intentos de novias, hacer deporte, trabajos como vacacionista, y las actividades que realizaba dentro de la Iglesia.
Era el último año, estaba por terminar una etapa y empezar otra, pero ¿que pasos habría de seguir en esta nueva etapa? Por mi mente había pasado el estudiar Hotelería y ser el próximo dueño de una cadena internacional de Hoteles.
Las críticas de mis compañeros y la insatisfacción de algunos maestros y de mi papá por mi elección, hicieron que me olvidara de esta idea. Quedaban muchas opciones, pero la mas cercana, exitosa, viable e ideal –o al menos eso era lo creía para ese momento- era la Ingeniería civil, si, seguiría con la empresa de mi papá, seria el jefe y la llevaría a otro nivel, todos los contactos estarían resueltos y mi éxito como profesional en la construcción estaría asegurado. Paso el primer semestre en la universidad y las cosas parecían estar bien, mi rendimiento no era el mejor, pero era bueno. Luego en el segundo semestre, ya no lo pude evitar, la suma de todos los intereses que desde niño había estado desarrollado, las actividades de teatro y de televisión que realizaba en la Iglesia, todos aquellos sueños de ser parte del mundo del entretenimiento -que creía eran normales en todo niño y adolescente - empezaron a cobrar su factura.
Empecé recibiendo clases de actuación, a participar en pilotos de un programa de televisión, ver y analizar las películas y series desde un punto de vista distinto, soñar con ser un director de cine, actor y productor de Televisión…
Ya no era posible, esos anhelos se habían apoderado de mi, ir a la universidad y pagar por aprender algo a lo que no me quería dedicar era absurdo, la impotencia ante el sentimiento de estar perdiendo el tiempo, el no saber que camino debía de tomar, a quien escuchar, no saber como escucharme a mi mismo, esperar una respuesta divina; era como una tortura mental, pero que traería como resultado uno de los regalos mas preciados que podemos recibir en la vida: una vocación, un llamado.
Decidí luchar por poder dedicarme y ser alguien en el teatro, la televisión y el cine, estas grandes pasiones que ahora son parte de mi vida. Pero que para aquel momento tuve ir descubriendo de poco en poco, dos años después de haber ingresado a la Universidad del Valle como estudiante de ingeniería civil, estaba solicitando mi papelería para el retiro.
Después de haber solicitado becas en muchas universidades de otros países y darme cuenta que las más viables son las que dan con una licenciatura de prerrequisito, decidí ingresar a la facultad de humanidades y estudiar comunicación.
Actualmente he realizado 4 temporadas de obras de teatro profesionalmente y estoy por empezar una próxima; además trabajo como editor para el canal 13 que es parte de los cuatro canales que monopolizan la televisión del país. Lo cual veo como el inicio de todo lo que de acuerdo a mi esfuerzo, visión y según la voluntad de Dios, puedo llegar a lograr.
Esto último no me define a un cien por ciento, aunque obviamente si forma gran parte de mi. Creo que el ser humano es un complejo sistema de pensamientos e ideas, motivados por una personalidad y las distintas experiencias vividas. Y es que en la vida, hay que soñar, luchar y alcanzar; pero nunca hay que dejar de agradecer, devolver y disfrutar lo que se tiene en el presente.
Nací hijo de Julio César de León y María Emilia Rivera, mi padre un ingeniero civil y mi madre una administradora y ama de casa. Eso fue para el año de 1987, un 25 de Mayo para ser exacto. Antes que yo, habían llegado dos hermanas: Ana Pamela quien me lleva cinco años y Paula Sofía que me lleva un año y medio.
Esto sin contar los otros cuatro embarazos de mi madre, que por alguna u otra razón ninguno pudo finalizar como mis padres lo deseaban; si hacemos las cuentas llegamos a que mi nacimiento fue el resultado del séptimo y último embarazo que mis papas tenían planificado.
El cristianismo de mis padres como proceso natural y casi inevitable, me fue inculcado desde que hago uso de razón – y talvez un poco antes- por lo que me convertí en un creyente.
Estudié en colegios Cristianos, disfrutaba de los beneficios de ser un niño. Como único varón entre tres hijos y único nieto entre 14 primas, no voy a negar que me consentían. Mis caprichos eran atendidos según las posibilidades de mis papas –las cuales cabían entre un rango de estabilidad y comodidad -.
El deporte no era una de mis actividades favoritas, recuerdo el día en que trate de ocultarle a mi mama que había un juego de fútbol de parte del colegio; pero de alguna manera ella logró averiguarlo y me obligó a ir a jugar.
Yo más bien prefería jugar con mis muñecos, crearles sus guaridas e incluso hacer películas con ellos, o crear guerras mundiales con tan solo un par de pistolas de plástico, una granada, y los efectos de sonido que mi creatividad me daba para hacer aquel ambiente lo mas real posible.
Con el tiempo, me di cuenta que ese tipo de actividades no me ayudarían del todo a desenvolverme socialmente, no quiero decir que no tenía amigos, pero reconozco que la atención en el colegio siempre la han atraído los deportistas. Fue cuando estaba en sexto grado que entré a un equipo de fútbol -claro que la que mas impulsó esta nueva actividad fue mi madre- ese mismo año mi entrenador me permitió representar al equipo y recibir el trofeo del campeonato como una recompensa al esfuerzo que hice durante ese tiempo.
El gusto que empecé a desarrollar por la actividad física y mi afición por las guerritas y los soldados, me llevo a una conclusión: Quería estudiar en una escuela militar. Después del largo trabajo que me llevo el convencer a mi papá, logré inscribirme en el Instituto Adolfo V. Hall Central, y para el dos de enero del 2,000, ya era un niño de trece años, rapado como militar, y vistiendo un uniforme color cocoa con el pantalón metido entre mis botas negras bien lustradas. No supe distinguir si era una pesadilla o un sueño hecho realidad – aunque ahora pienso que fue un poco de los dos- pero lo cierto es que aquella época dejó una huella para el resto de mi vida.
Fueron necesarios dos años para darme cuenta que el ejercito no era parecido a aquellas historias que con mis “GI-JOES” acostumbraba jugar. –Sin saber que lo que en realidad buscaba, era satisfacer la necesidad por vivir en el mundo de fantasía al que solo mi imaginación me podía llevar-.
Tomé la desición de salirme y entrar al mismo colegio donde estaba mi hermana Paula, el Shaddai, es un colegio cristiano que dentro de su circulo goza de prestigio, en el que iba a tener que darme cuenta y adaptarme a las grandes diferencias sociales que muy comúnmente vemos en países como el nuestro.
Mientras que con mis amigos del Hall nos hacía felices colarnos en el Club de oficiales del Ejercito, jugar y nadar un rato, luego tomar una camioneta que nos llevaría a la Montúfar para poder comer una pizza entera entre todos. A mis amigos del Shaddai; en cambio, les daba por ir a los lugares más “in”, vestir a la última moda y para las vacaciones ir a nadar, pero no al club de oficiales, mas bien a sus casas de verano en la playa.
El cambio fue drástico, pero con la seguridad con la que me había ya desarrollado, el apoyo económico de mi papa que aunque para esa época ya no era tan estable ni tan cómodo, y la afinidad que había logrado con el deporte, logré subsistir y de hecho creo que lo hice bastante bien.
Básicamente esa fue mi vida para los últimos años de la secundaria: estudiar, socializar, algunas novias, algunos intentos de novias, hacer deporte, trabajos como vacacionista, y las actividades que realizaba dentro de la Iglesia.
Era el último año, estaba por terminar una etapa y empezar otra, pero ¿que pasos habría de seguir en esta nueva etapa? Por mi mente había pasado el estudiar Hotelería y ser el próximo dueño de una cadena internacional de Hoteles.
Las críticas de mis compañeros y la insatisfacción de algunos maestros y de mi papá por mi elección, hicieron que me olvidara de esta idea. Quedaban muchas opciones, pero la mas cercana, exitosa, viable e ideal –o al menos eso era lo creía para ese momento- era la Ingeniería civil, si, seguiría con la empresa de mi papá, seria el jefe y la llevaría a otro nivel, todos los contactos estarían resueltos y mi éxito como profesional en la construcción estaría asegurado. Paso el primer semestre en la universidad y las cosas parecían estar bien, mi rendimiento no era el mejor, pero era bueno. Luego en el segundo semestre, ya no lo pude evitar, la suma de todos los intereses que desde niño había estado desarrollado, las actividades de teatro y de televisión que realizaba en la Iglesia, todos aquellos sueños de ser parte del mundo del entretenimiento -que creía eran normales en todo niño y adolescente - empezaron a cobrar su factura.
Empecé recibiendo clases de actuación, a participar en pilotos de un programa de televisión, ver y analizar las películas y series desde un punto de vista distinto, soñar con ser un director de cine, actor y productor de Televisión…
Ya no era posible, esos anhelos se habían apoderado de mi, ir a la universidad y pagar por aprender algo a lo que no me quería dedicar era absurdo, la impotencia ante el sentimiento de estar perdiendo el tiempo, el no saber que camino debía de tomar, a quien escuchar, no saber como escucharme a mi mismo, esperar una respuesta divina; era como una tortura mental, pero que traería como resultado uno de los regalos mas preciados que podemos recibir en la vida: una vocación, un llamado.
Decidí luchar por poder dedicarme y ser alguien en el teatro, la televisión y el cine, estas grandes pasiones que ahora son parte de mi vida. Pero que para aquel momento tuve ir descubriendo de poco en poco, dos años después de haber ingresado a la Universidad del Valle como estudiante de ingeniería civil, estaba solicitando mi papelería para el retiro.
Después de haber solicitado becas en muchas universidades de otros países y darme cuenta que las más viables son las que dan con una licenciatura de prerrequisito, decidí ingresar a la facultad de humanidades y estudiar comunicación.
Actualmente he realizado 4 temporadas de obras de teatro profesionalmente y estoy por empezar una próxima; además trabajo como editor para el canal 13 que es parte de los cuatro canales que monopolizan la televisión del país. Lo cual veo como el inicio de todo lo que de acuerdo a mi esfuerzo, visión y según la voluntad de Dios, puedo llegar a lograr.
Esto último no me define a un cien por ciento, aunque obviamente si forma gran parte de mi. Creo que el ser humano es un complejo sistema de pensamientos e ideas, motivados por una personalidad y las distintas experiencias vividas. Y es que en la vida, hay que soñar, luchar y alcanzar; pero nunca hay que dejar de agradecer, devolver y disfrutar lo que se tiene en el presente.
miércoles, 8 de agosto de 2007
Que espero del curso de expresion escrita
La expresión escrita es una de las más antiguas, pero también fiables formas de comunicación del ser humano. Cuando algún evento queda registrado a través de la escritura, se habrá vuelto casi inmortal. Al mencionar la palabra evento, se abren un sin fin de opciones para poder hacer uso de la escritura, ya sea desde una pequeña nota utilizada entre dos estudiantes de salón, hasta el artículo que le describa al mundo algún evento de trascendencia histórica. Como comunicadores es necesario saber hacer el mejor uso de este poderoso medio, ya que aparte de encontrar una satisfacción personal, nos interesa proponer algo que capture la atención de los demás.
Existirían dos aspectos a cuidar en la escritura, el primero sería más técnico que el segundo. Ya que es aquí donde entra la ortografía – que esta por demás el mencionar su importancia-, la capacidad de ordenar las ideas, escribir claro y no lanzarlas al aire y que lleven una estructura fácil de entender; aprender a escribir algo conciso, con fundamentos, y que no sea ni mas ni menos de lo que se necesita; por otro lado, tener un juicio crítico bien desarrollado y que a la hora de leer un trabajo ya sea nuestro o de alguien mas, poder leerlo como conocedores de la escritura y no como una audiencia común.
El segundo aspecto se refiere a lo artístico. Es algo más personal, puesto que aquí no transmitiremos únicamente factores externos como una noticia, aquí incluiríamos nuestros pensamientos, sentimientos e ideas. Estos muchas veces parecieran encontrarse en lo mas profundo de nuestro interior, y se vuelve un trabajo difícil sacarlos a la superficie. Pero que gracia tendría el ser un profesional en la comunicación, si no somos capaces de transmitir nuestra propia esencia como seres humanos que somos.
De la comunicación se desprenden muchas ramas. En la primera que me interesé fue en el teatro, mas tarde en la televisión y en el cine -formas de comunicación que no son lo debidamente explotadas en nuestro país- Pienso que la base de la que parten todos estos medios, es la palabra y la habilidad de expresión con la que el hombre va a poder hacer un buen uso de la misma. Y no dudo que haya mejor forma de lograrlo, que aprender a través de su mas esencial forma que es la expresión escrita.
Existirían dos aspectos a cuidar en la escritura, el primero sería más técnico que el segundo. Ya que es aquí donde entra la ortografía – que esta por demás el mencionar su importancia-, la capacidad de ordenar las ideas, escribir claro y no lanzarlas al aire y que lleven una estructura fácil de entender; aprender a escribir algo conciso, con fundamentos, y que no sea ni mas ni menos de lo que se necesita; por otro lado, tener un juicio crítico bien desarrollado y que a la hora de leer un trabajo ya sea nuestro o de alguien mas, poder leerlo como conocedores de la escritura y no como una audiencia común.
El segundo aspecto se refiere a lo artístico. Es algo más personal, puesto que aquí no transmitiremos únicamente factores externos como una noticia, aquí incluiríamos nuestros pensamientos, sentimientos e ideas. Estos muchas veces parecieran encontrarse en lo mas profundo de nuestro interior, y se vuelve un trabajo difícil sacarlos a la superficie. Pero que gracia tendría el ser un profesional en la comunicación, si no somos capaces de transmitir nuestra propia esencia como seres humanos que somos.
De la comunicación se desprenden muchas ramas. En la primera que me interesé fue en el teatro, mas tarde en la televisión y en el cine -formas de comunicación que no son lo debidamente explotadas en nuestro país- Pienso que la base de la que parten todos estos medios, es la palabra y la habilidad de expresión con la que el hombre va a poder hacer un buen uso de la misma. Y no dudo que haya mejor forma de lograrlo, que aprender a través de su mas esencial forma que es la expresión escrita.
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